lundi

Treinta y cinco mil seiscientos cincuenta y dos.




Los dos sabíamos lo que escondían nuestras palabras,
 pero nunca nos atrevimos a pronunciarlo. 
La palabra amor estaba prohibida. 
El viento era incapaz de atarnos en una única lazada. 
Éramos libres. LIBRES. 
No éramos de nadie y eso era lo que nos hacía especiales.
Las luces de tus ojos brillaban más que nunca,
 y aquella noche nos fundíamos en una sola ola a punto de romper contra las rocas.
Un Te quiero resonó en mis oídos y me asusté.
Me asusté y salí corriendo. Dejándote allí solo.
Me asusté de sentir lo mismo que tú en ese instante.
Me asusté por amarte. Me asusté por volver a hacerlo.



Lo nuestro no acabó. Jamás ha acabado.
El Diario de Noah.

mercredi

El tiempo pasa entre Coronitas.




Te odio. 
Odio tu forma de hablarme, y tu forma de escribirme cosas bonitas.
Odio tu sonrisa picarona que habla por si sola y dice que aquí no ha pasado nada.
Odio tu forma de disimular. Odio tu interés por ellas.
Odio que me cuentes cosas que odio oír.


Odio mi forma de echarte de menos.

lundi

Hablar por hablar.




Extraño. Muy extraño. 
Aunque en ese momento los días que nos separaban no eran un impedimento.
Un paseo, una esquina, y unos cuantos piropos.
Recordamos el pasado, de unos años atrás, 
cuando aún no había posos de tequila en el corazón.
'Las situaciones son difíciles si nosotros las hacemos difíciles' 
Frío en el cuerpo, ojos rojos, y labios mojados.
Tu nariz en mi pelo, y su sonrisa en la mía. 

Un sentimiento que los dos sabíamos que moriría aquella noche.



vendredi

It happened many years ago when she..




Eres como la resaca de domingo por la mañana. Molesto, muy molesto.
Tan amargo como el café solo de los viernes por la noche.
Dulce cual azucarillo deshaciéndose en su cuerpo, 
pero frío como los hielos de mi cubata.
Picante como un mordisco en la oreja, 
 doloroso como un pinchazo en la vena,
y morboso como el sexo en un ascensor.


Increíble. 


Eres increíble.

mardi

Isodinamia




Puede que los tiempos de lucha no hayan terminado y haya que esconderse 
bajo la cama para evitar escuchar los disparos al corazón.
Acurrucarse en una esquina esperando que los ruidos cesen, 
y que paren los llantos incontrolados de la multitud.

Piensas, ¿Cómo hemos podido llegar a esto? 
¿Cómo hemos acabado tan mal?

Entonces una vocecita resuena en tu cabeza recordándote
 una frase que alguien te dijo alguna vez.

'Esa camiseta verde no pega con ese pantalón azul, Laura'