samedi

Límites.






Dos y dos son cuatro,
cuatro y dos son seis, 
seis y dos son ocho,
y ocho dieciséis.
Y ocho veinticuatro,
y ocho treinta y dos.

Ánimas benditas

Me arrodillo yo.



Límites. ¿Qué límites? 
¿Cuáles son los límites? 
¿Quién los pone, y porqué?

Se nos ha ido de las manos, amor.
¿Quién parará este tren en marcha antes de que descarrile?

lundi

Let's play.




Se acabaron las sonrisas escondidas.
Se acabó esconderse tras las sábanas.
Se acabó sonrojarse mientras tus pantalones 
se dejan perder contra mi boca.
Se acabó el no mirarme a los ojos.
Se acabó el evitar rozarme.


Cariño, las palabras se las lleva el viento, 
pero tú esta noche serás mío.


Son las diez, amor mío.




No viene a cuento. Nunca lo leerás. Y si lo haces, pensarás que no es para ti.
Mucho tiempo ha pasado. Demasiado.
Tanto que las agujas de los relojes nos han robado toda la energía
y todo el cariño que podía haber quedado entre nosotros.
Las cosas no acabaron bien, claro que no acabaron bien.
Cientos de días, y ninguna palabra.


¿En qué nos hemos convertido? ¿Qué ha hecho el reloj con nosotros?
¿Qué ha sido de las palabras, las caricias y los besos?

No sé. No tengo una respuesta para eso.
Ojalá la tuviera.

Mientras tanto, me compadezco a mi misma con un par de frases 
que nunca leerás en un blog tan muerto como olvidado.


Y desde lo más profundo de mi corazón, aunque resulte incomprensible, te quiero.




Menú. Opciones. Llamada. Número oculto. Aceptar.
.........
Marcar.
Un pitido. Dos pitidos. Tres pit..
- ¿Sí?
-...
- ¿Hola? ¿Quién es?
-...
- ¿Hola?
Colgar. 

Lágrimas. 


Desesperación.

dimanche

Una situación nueva

La vida pasaba sin apenas pensarla. 
Entre tú y yo, sólo una fina sábana.


  Pensando, siempre pensando. Algún día se me van a quemar las neuronas de tanto pensar,
como diría mi abuela. Es cierto. Pero de momento lo único que me calienta la cabeza es 
este sol que parece de verano aunque estemos en pleno abril. No sé en qué pienso, hace 
tiempo que he dejado de saberlo. Quizá en ti, quizá en nosotros. O quizá en esa diminuta 
hormiga que trata de arrastrar un pequeño trozo de cacahuete sin conseguirlo. Lo intenta, 
una y otra vez, pero no es capaz, y al final se resigna y continúa su camino sola, sin nada. 
No me da tiempo a seguir pensando, ya que tu sombra se acerca y veo tu figura caminar 
hacia mí. Despreocupada, como siempre. Saludas sutilmente, en general. No hay tiempo 
de pararse a más, porque te vas. Aún así, te da tiempo a soltar alguna frase de las tuyas, 
        de las que me duelen de verdad.

Pero eso tú no lo sabes. 
Y creo que nunca lo sabrás.